Al fondo, el mar/3 (EEUU)






EEUU.

Anoche olí de nuevo a Mississippi. Fue durante uno de esos chaparrones de primavera que nos pilla desprevenidos a los cartageneros. El cielo se torna plomizo y de repente empieza a llover con fuerza. La tierra, verde, se empapa y al poco empieza a emanar ese olor característico y agradable, de poder evocador, que abre reductos misteriosos en la memoria para hacerte revivir otros espacios, otras latitudes que ya has pisado. Estaba junto a la muralla, en la cuesta del Batel. Durante unos segundos fuí abducido a Mississippi. E igual que allí, me calé hasta los huesos.

América huele a césped recién cortado, a sirope de arce, a resina de sequoia, a espacios abiertos de cielos contrastados y aire puro. Huele a espuela polvorienta de John Wayne, el “Sagrado Corazón de Jesús” del Lejano Oeste. Hay, localizadas, setenta y cinco Carthages y alguna Carthagena en los Estados Unidos. Son en su mayoría pequeñas poblaciones dispersas por casi todos los estados, desde Maine al Noreste hasta California al Suroeste, y están separadas por grandes distancias, lo que hace difícil llegar hasta muchas de ellas. En tres viajes consecutivos hemos realizado más de diez mil kilómetros por las carreteras americanas y visitado 14 ciudades homónimas en diez estados, correspondientes a tres áreas de las cinco en que dividimos el país. Todas las Carthages y Carthagenas de los estados centrales, Tennessee, Carolina del Norte, Ohio, Illinois, etc, algunas de ellas bastante singulares, quedan para una futura ampliación de este proyecto.






MISSISSIPI
Carthage, poblado/ Carthage Landing, embarcadero/ Carthage Point Oil Field, zona petrolífera
(Adams County, 31º31´35´´N91º26´45´´W)
Carthage, municipio
(Leake County, 32º43´57´´N89º32´10´´W)


Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County. Gorilla Oakwood.

El Estado Camelia

Todos los días, en Nueva Orleans, justo después de la última campanada de las doce en la catedral de San Luis, se abren los cielos de par en par y un torrente cae sobre el Vieux Carré. A nosotros, de Cartagena de España, puerto de mar entre montes pelados, que cuando vemos caer el agua como cae aquí nos echamos a temblar, nos sorprende la naturalidad con la que la gente se toma este diluvio universal diario de las doce en punto: se enfundan en su poncho de plástico transparente, estampado de Bourbon Streets o Pelican States, y siguen tan felices su camino sorteando los charcos, que desaparecen enseguida, y los cocodrilos disecados que te asaltan por casi todas las esquinas, mientras suenan los ecos que flotan en la atmósfera húmeda de unas notas de blues. Pero las nubes descargan rápido y a los 32 minutos exactos cesa de repente de llover y un sol espectacular, acompañado a veces de un triple arco iris triunfal, inunda el Mississippí poniendo el marco “kitsch” para la foto con  barco de palas al fondo y orquesta dixie en la cubierta, que los americanos, sonrosados, tragones y por una vez, juerguistas, celebran alborozados.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Lady Luck. Carthage Landing. Mississippi. Adams County.

El mismo barco, o parecido, que transformado en casino flotante con bombillas de colores y apropiado nombre pintado en fosforito : “Lady Luck”, recibe a partir de las siete de la tarde a grupos de “wasf”, con efe de fat, en calzones, “nike air” y calcetines blancos, junto a Carthage Point, en Natchez. Por cierto, no sabemos de donde ha salido la gente, porque cuando hemos llegado a esta preciosa ciudad, una de las más antiguas de EEUU (¡de 1716!), asentada sobre una colina desde la que se domina el Mississippi, eran las cinco de la tarde y había caido la "bomba de neutrones", como dicen por aquí, y no se veía un alma por las calles. Esta es una de las pocas ciudades de las riberas del “padre de las aguas” que no tiene esos enormes diques que las protejen de las crecidas del río haciéndolo desaparecer del paisaje de la ciudad, lo que es de agradecer.

Moisés Ruiz Cantero.1999. 18 Carthage Point. Mississippi. Al fondo, Carthage Oil Field. Mississippi. Adams County.

Toda la margen izquierda del “Mississippi River” al sur de Natchez se llama Carthage Point. Una amplia área, casi deshabitada, que ocupa en su mayor parte la Carthage Oil Field, gran empresa de muchos humos que extrae gas. Fue el sheriff del condado de Adams el que nos encaminó hacia allí, una vez repuesto de las explicaciones en el inglés imposible de los que no hablamos inglés, no sin advertirnos antes de que, de todas formas, por esa zona no había ninguna población propiamente dicha que se llamara así. Sin embargo, después de perdernos varias veces, nosotros encontramos a tres habitantes: Laurin Jackson y sus dos perros, vecinos del número 18 de Carthage Point, una casita de madera rodeada de verde sobre una loma junto a Carthage Road, carretera que llega hasta un embarcadero junto al río, llamado Carthage Landing, a través de los campos petrolíferos. Laurin, negra prieta, cuidaba del huerto de su casa, y sin duda no esperaba nuestra visita, porque la pillamos con los rulos puestos bajo un “shower” de plástico con flores. Debimos parecerle marcianos pero, aunque no conseguimos entendernos ni una sola palabra, se mostró simpática y nos dejó inmortalizarla como primera “carthaginian” de esta aventura americana. Del norte. 

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage Upper Bar. Mississippi. Adams County. Vista desde el Ramada Inn.

La taza de “gumbo” que cené anoche en un “seafood” romántico junto al “Lady Luck”, con velitas que impedían ver lo que flotaba en el tazón, no me dejó dormir hasta muy tarde, o quizás fue el concierto de miles de ranas junto con los motores rugientes del aire acondicionado del motel y las máquinas que vomitan cubitos de hielo con un estruendo. A las 6 de la mañana empezó a sonar Amazed a toda pastilla en la radio despertador de la habitación 316 del “Ramada Inn”, programada por el anterior inquilino. Y volvió a la carga a los nueve minutos, y a los 18 y a los 27, hasta que la desprogramé de un tirón. Pero todo el mundo está ya en pie y hay trasiego de maletas y viajeros en marcha. Imposible dormir. Así que adoptamos la “american way of life” y, un tanto ojerosos, pero muy de mañana, cogemos el “Natchez Trace Parkway”: un antiguo camino de pioneros, buscadores de oro y de indios “choctaw”, transformado en espléndida carretera entre bosques altísimos de un verde insultante e “historic sites”, tranquila, solitaria y aburrida. A las 5:30 de la tarde, después de atravesar, entre cientos de banderas americanas ondeando al viento que parecen recibirnos sólo a nosotros, la calle principal del pueblecito de Canton, escenario de alguna película con el “Klan” de protagonista, llegamos a Carthage, sede del condado de Leake y lugar de nacimiento del famoso y controvertido Ross Barnet, antiguo gobernador del Estado de Mississippi, quizá más recordado por las confrontaciones que se produjeron durante su mandato entre los integristas negros y los segregacionistas blancos (que le llevó incluso a enfrentarse con el presidente Kennedy) que por sus grandes logros económicos en la región. Hay una película, “Blaze”que narra los hechos y describe aquellos turbulentos años de problemas entre las comunidades blancas y negras del sur de EEUU que, según parece, están lejos de solucionarse.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County.

Paseamos por Carthage. Somos los únicos habitantes, pedestres al menos, de este lugar de aspecto tranquilísimo, de casas de madera, jardines con grandes praderas de césped impecable y muchos árboles, pero sin aceras. No hacen falta, nadie las utiliza. También aquí ha caído la bomba. La gente, poca, circula sobre cuatro ruedas y se extraña de vernos pasear aunque todos nos saludan amablemente. Hay un montón de iglesias para todos los credos, de  torres blancas y puntiagudas, y en el centro de la pequeña ciudad, de casi 4000 habitantes, en torno a una plaza ocupada por el edificio de la sede del condado, se agupan el ayuntamiento, la cámara de comercio, el periódico local “The Carthaginian” y algunas tiendas. Todo “closed”. Sobre el blanco depósito de agua que domina la ciudad, el nombre, Carthage. Un lugar apacible, verde, bonito, amplio y nuevo, de blancos lustrosos, y un barrio escondido de casas deprimidas donde viven los negros.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County. Black district.

En la zona “business”, donde se concentra la actividad comercial en las ciudades americanas, una especie de polígono industrial separado de la zona residencial, el “downtown” o “historic district”, como se dice por el sur, encontramos un restaurante abierto. Son las nueve, cierran a las diez y somos los únicos clientes. Después del “gumbo” de anoche, una sopa espesa y picante de sobras de pescado que es al “Cajun Country” lo que la paella al “País Valenciá”, quiero resarcir a mi estómago y pido lo que supongo que será una docena de alitas de pollo al estilo sureño que viene en la carta que nos pasa la blanca rubicunda y gordita, o más bien gorda del todo, del restaurante. Como este personal del sur habla un inglés con acento imposible, y en absoluto se alteran ante nuestros esfuerzos por entenderlos, recurro a la mímica y, para asegurarme de que sé lo que pido, alitas de pollo, hago el pollo batiendo las alitas. Dice que sí y se va con una sonrisa malvada, pasándole la nota al cocinero. El cocinero, que es negro y parece estar cabreado, como todos los del sur, me mira con cara rara que, aunque viene siendo habitual, no deja de llamarme la atención. Me temo lo peor... Esa noche ceno una docena de  enormes hígados de pollo rebozados. Con mucha mostaza.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County. The Cartaghinian.

Por la mañana las calles de Carthage siguen vacías, pero en el City Hall hay cierta actividad. Nos acogen con amabilidad americana y cierta sorpresa, es decir, con distanciamiento y sin pizca de entusiasmo. Nada que ver con los recibimientos en las Cartagenas y Cartagos de México, Colombia, Costa Rica, etc. La frialdad del Norte frente a la calidez del Sur. Llevamos un “saluda” de nuestra alcaldesa y una carta en la que se explican las líneas básicas del proyecto, se solicita a las autoridades colaboración para realizar determinadas fotografías y documentación sobre la ciudad. También entregamos diverso material informativo sobre Cartagena que nos han preparado en la Concejalía de Turismo. El alcalde no nos puede recibir porque no está. En estas pequeñas ciudades americanas no tienen dedicación exclusiva y mantienen su puesto de trabajo habitual. Pero nos acompañan hasta la Cámara de Comercio que por aquí hace las veces de Oficina de Turismo, al parecer, el lugar adecuado. Allí, su directora, Rennoda Dorman, más simpática, se interesa por nuestra historia, sin pasarse, claro, y nos da la información que solicitamos, que tiene perfectamente preparada en unos sobres. Llama por teléfono a su hijo y a su nuera para que vengan a posar para el retrato de “normal family” representativa de Carthage y a la directora del periódico “El Cartagenero” (The Carthaginian). Enseguida aparecen todos. La pareja con su niño, perfectos, blancos, rubios y de amplias y no menos blancas sonrisas. A mí me gustaría fotografiarles en su casa, pero es imposible porque han dejado un momento sus puestos de trabajo para venir hasta aquí y tienen que volver inmediatamente. La directora del periódico, una señora muy mayor e hiperactiva, puro nervio, aparece con una cámara digital, nos entrevista y nos hace unas fotos con un ejemplar del periódico. Mañana seremos noticia en Mississippi. También nos explican que aquí todo el mundo trabaja y que cuando terminan siguen, unos en la cancha de beisbol, trabajándose el músculo, y otros en los cultos de alguna de las muchas parroquias, baptista, metodista, presbiteriana, etc..., trabajándose la conciencia, por lo que en las calles no se pasea un alma. Las almas van en coche.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Adams County. La tierra de los cortadores de césped.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County. Interior de un bar.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County. Normal family.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County. Vecino de la casa más antigua de Carthage.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County. White district.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Mississippi. Leake County. Black district, white garden.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage Point. Mississippi. Adams County. Laurin Jackson, nº18 de Carthage Point.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage Road. Mississippi. Adams County.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Rent to own Carthage-Canton. Leake County. Mississippi.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Adams County. Mississippi.

Moisés Ruiz Cantero. 1999.  Banco de Carthage. Mississippi.





ARKANSAS
Carthage, municipio
(Dallas County, 34º04´30´´N092º33´19´´W)

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Arkansas. City Hall .

El Estado Natural.

La zona suroeste de Arkansas, pegada al delta del Mississippi, es llana y bastante deprimida, con pequeños pueblos diseminados entre extensas áreas dedicadas al cultivo de algodón, en un ambiente que recuerda el de esas imágenes de la América profunda que fotografiaron Dorothea Lange y Walker Evans para aquel famoso proyecto de la Farm Security Administration. Pero conforme se sube por el mapa el paisaje se va transformando hasta darle sentido al sobrenombre de Arkansas: the Natural State. Verdes praderas y grandes pinadas entre lagos azules y torrentes cristalinos. Desde Vicksburg se sube por la 65 norte hacia Lake Providence paralelos al río, pero sin verlo. A pesar de encontrarnos en la tierra de Muddy Waters, John Lee Hooker y del blue grass, en la radio de nuestro Mercury azul eléctrico sólo se escuchan tiernas baladas de vaqueros de aspecto rudo que “calzan” enormes Stetson y hacen cosquillas con el “steel” de sus guitarras a hermosas “yeguas”de largas cabelleras rubias. El “country” le ganó al “blues” en el delta del Mississippi y también en el resto del país, aunque hay que tener en cuenta que Nashville no está tan lejos.

En el centro del estado, en un lugar bastante oculto, se encuentra Carthage, una pequeña comunidad que vive de la explotación de la madera de los bosques de pinos inmensos que la rodean. Está claramente separada en dos zonas: la blanca, de casas lustrosas, césped pulquérrimo e iglesias blancas y puntiagudas; y la negra, mucho más pobre, donde está el “City Hall”, en un pequeño edificio de madera desvencijado junto al antiguo Banco de Carthage, reliquia de tiempos mejores a punto de caerse, un hospital, una “grocerie”, una escuela y un centro de actividades para jóvenes en una especie de hangar. Es un ambiente como del Bronx pero campestre, de Arkansas (pronúnciese Ar-Kan-Saw). Por supuesto   el alcalde tampoco está, pero la secretaria del Ayuntamiento nos recibe, un tanto incrédula al principio, lo que no es para menos, supongo, y más receptiva después. La única información que nos puede facilitar sobre la ciudad es la que aparece en una placa que cuelga de un clavo en la puerta, como en un antiguo “saloon”. Sin duda es una impresión nuestra, pero el personal de aquí, el poco personal que deambula por la calle, gente joven y seria con cara de pocos amigos, no parece estar por la labor de dejarse retratar. Sin embargo no tenemos muchos problemas, no muchos, aunque sin duda se nota que el prejuicio por el color de la piel, como Teruel, existe.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Arkansas. Indian Village de Caddos, junto a Carthage.

Cerca de Carthage hay dos puntos de interés: una reserva de indios “caddos” y un antiguo cráter provocado por la caída de un meteorito donde un antiguo buscador de oro encontró diamantes y se hizo rico. Ahora el “Crater of Diamonds” es un lugar turístico, perfectamente acondicionado, donde por unos dólares puedes pasarte todo el día, si aguantas, o todo el año, revolviendo la tierra bajo un sol de justicia en busca de piedras preciosas. Para animarte hay un señor,  pertrechado como los antiguos pioneros, que te enseña la colección de diamantes que ha encontrado. A pesar de que te pone los dientes largos y de que el lugar está lleno de familias que escarban y lavan enormes sacos de arena como sus mondongos doblados a pleno sol, creemos que nuestra salud se va a resentir sólo de verlos, así que cogemos un saquito de arena de recuerdo, lleno de diamantes, sin duda, y nos vamos “pa” Missouri.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Arkansas. Bank of Carthage.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Arkansas. Hair Styling.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Arkansas. Post Office.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Arkansas. Vendedor de artesanía. Carretera de Sheridan a Carthage.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Arkansas. Buscadoras de diamantes.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Arkansas. Crater of diamonds. Colección de diamantes.





MISSOURI
Carthage, municipio.
(Jasper County, 37º10´35´´N094º18´36´´W)

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri. Father´s day. 

El Estado “Show Me”.

Todos los moteles son casi iguales. Prácticos, funcionales, con moqueta, aire acondicionado y enormes camas, todo ello presidido por un enorme televisor de 60 o 70 canales. Perfectos cuando se viaja en coche, que es la mejor manera de hacerlo por América del Norte. La gasolina es barata, los coches, automáticos, las carreteras, anchas y panorámicas, bien señalizadas y los americanos, educadísimos al volante, o quizás habría que decir: “los americanosalvolante”, educadísimos. El respeto por el peatón puede llegar a ser irritante para el peatón. Si uno se para un momento mirando a la acera de enfrente (en algunas ciudades hay aceras), frenan en seco invitándote a pasar con una sonrisa. Y tienes que hacerlo aunque no quieras. Y no digamos ya si estás delante de un paso cebra, que por aquí son dos bandas de acera a acera, como un caminito.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri. Truck en el "downtown".

Las “I-Highways”, vías rápidas que atraviesan los estados, son coto exclusivo de los “trucks”, grandes y potentísimos camiones cromados, los únicos vehículos que no respetan la velocidad máxima permitida y adelantan continuamente a los turismos, que, a pesar de ser también bastante grandes, a su lado parecen juguetes. La cultura de los “trucks” está muy arraigada en la “american way of life” y ya han sustituído al caballo como seña de identidad en el escaparate de la “Great Country Music”. Su paso por las carreteras interestatales deja los arcenes sembrados de esqueletos de caucho negro de las cubiertas entre los dibujos paralelos de sus frenadas. Por las I-Highways se llega rápido a todos sitios pero no se ve América. Lo mejor son las carreteras secundarias, las federales y las del estado. Se tarda más pero se conoce América antes.

En el canal 35 del televisor del Super 8 Motel de Rogers, en la frontera sur de Missouri, dan lo mejor de la tele: “Domingo Corrales”, una de mejicanos, producida por Antonio Aguilar y protagonizada por Antonio Aguilar y por Antonio Aguilar hijo y toda la familia Aguilar al completo. Tiene veinte canciones de Raul Fonsales y Los Tapatíos que surgen cuando menos te lo esperas dentro de un argumento con todos los tópicos del México de Sierra Madre. En una secuencia (minuto 8:54), Domingo Corrales acaba de regresar tras la muerte de su padre. Por la mañana le despierta todo el personal del rancho, unos cuarenta, incluído un caballo, dentro de la habitación. Él, con bigotito recortadísimo y un brillante pijama de seda azul cobalto reparte abrazos mientras los demás, incluso el caballo, cantan a coro “Las mañanitas”. Insuperable.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Belle Starr. Carthage. Missouri.

El ataque a Carthage es en domingo. Más que nada para ver si, al ser fiesta, hay alguien a quien disparar por la calle. Hoy, además, es “Father´s Day”, y suponemos a todas las familias reunidas bajo sus porches de madera esperando nuestra visita. Las 100 millas desde la frontera de Arkansas hasta Carthage atraviesa plácidas praderas onduladas llenas de campos de golf. Carthage de Missouri, sede del condado de Jasper, es la ciudad homónima mayor de los EEUU. Tiene 15.000 habitantes y bastante historia y vecinos famosos. Entre ellos: Marlin Perkins, el Félix Rodríguez de la Fuente americano, o Mira Shirley, más conocida como “Belle Starr, la Reina de los bandidos”, gran pianista, amazona y pistolera, cuyas andanzas con Jesse James y los hermanos Dalton, no menos famosos forajidos del Oeste, fue llevada al cine en múltiples ocasiones.

Aquí se desarrolló la primera batalla de la guerra civil americana hace casi 140 años. Missouri entró en la Unión como estado esclavista pero no se sumó al bando Confederado porque los abolicionistas se opusieron por la fuerza de las armas. En el lugar de la batalla se ha creado un parque muy bien señalizado y cuidado, y también un museo en la ciudad que conmemora los hechos. Para los americanos cualquier cosa que tenga más de cien años es arqueología, y es envidiable cómo saben montar alrededor de ella un negocio y el respeto y el cuidado que ponen en todo ello, en la cosa y en el negocio. (Más de un concejal cartagenero debiera asistir a algún curso sobre el patrimonio americano, aunque sea por correspondencia, pues por poco que aprendiera de ellos, con lo que aquí tenemos,...)

Moisés Ruiz Cantero. 1999. City Hall. Carthage. Missouri. Closed.

Pero si en aquella batalla de Carthage la lista oficial fue de 35 muertos del Sur por 13 del Norte, la nuestra es mucho menos cruenta. Aunque disparamos para inmortalizar no inmortalizamos a casi nadie, porque aquí tampoco hay casi nadie. Carthage está “closed” y las únicas personas que andamos por las calles no hemos nacido en América. Por el aspecto de la ciudad, los supuestos 15.000 carthaginians viven en el mejor de los mundos posibles. El centro está dominado de manera imponente por la Corte de Justicia del Condado, que parece una catedral, en un edificio de mármol gris de las canteras cercanas, según dicen, el mejor de EEUU. A su alrededor, en una plaza cuadrada con un diseño parecido al de todas las ciudades pequeñas de este país, el Ayuntamiento y otros edificios de ladrillo rojo tipo “far west”. El resto de la ciudad está compuesto por avenidas perfectas llenas de magnolios y robles con grandes casonas de estilo victoriano perfectamente conservadas e integradas perfectamente. Perfecto. Pero nadie con quien cometer un “asesinato blando”, como diría Susan Sontag. Algunos fantásticos automóviles cruzan silenciosos las avenidas. Algún vaquero con sombrero de alas, pecho lobo, pantalón corto y lata de “coke” en mano cabalga por la pradera de su “pedazochalé” sobre la máquina cortacésped en que ha mutado su caballo. “¿Where is the people?”. La policía de guardia, amable, educada y distante, como sólo saben ser por aquí, que ha soportado estoica la retahíla de las Cartagenas y Cartagos “all over the world” y que, a falta de otra autoridad competente, se ha convertido en depositaria de la carta al alcalde y de la colección de folletos patrios, nos señala, como podíamos suponer, la cancha de fútbol americano y la capilla de los “Momentos Preciosos” (¿?), recomendándonos fervientemente la visita a esta última.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri. Precious Moments Chapel.

Si el mercado de los espiritual alcanza en América cotas insuperables y los canales de las iglesias locales luchan por conseguir su cuota de mercado convirtiendo a los orondos telepredicadores en auténticos conductores de masas lacrimógenas mediante la puesta en práctica desde los púlpitos de aquello de que está más cerca de Dios el que más grita, la “Precious Moments Chapel” de Carthage, famosa en todo el país, rompe moldes. Aunque su creador, Samuel Butcher, hijo predilecto de la ciudad, se inspirase en la Capilla Sixtina, su interpretación no deja de ser, cuando menos, almibarada; un montaje espectacular, sin duda, pero absolutamente infantil, como una Disneyworld espiritual, que juega con la peculiar forma de entender las cosas de la fe de los yankis. Se trata de una serie de edificios de cuento de hadas, de colorines apastelados, tan afectados que parecen de cartón piedra, entre puentes inimaginables, fuentes indescriptibles y sauces llorones, que se extienden por verdes praderas salpicadas por doquier de jardines repletos de muñecos cabezones, gorditos, angelicales y “blancosporsupuesto”. Pues bien, efectivamente, aquí está todo Carthage y, además, los aparcamientos están llenos de coches con matrículas de todos los Estados. Los techos de la “Capilla Sixtina Americana”, como les gusta llamarla, están pintados con angelotes de colores, sonrientes. Ningún angelito negro.


Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri. Breakfast.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri. Dos hermanas delante de su casa.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri. "Las almas van en coche".

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri.  Al fondo,  el Palacio de Justicia del Jasper County.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri. Palacio de Justicia del Jasper County.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri. Sra. que nos indicó el lugar de la Batalla de Carthage (14julio1861).

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Missouri.






TEXAS
Carthage, municipio.
(Panola County, 32º09´26´´N094º20´14´´W)

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Texas. Panola County. Thunderstorm sobre Carthage.


El Estado de la Estrella Solitaria.

A la entrada a Texas por la US 59, al noreste, un zoológico completo de plástico escala 1:1 nos da la bienvenida junto a Texarkana, llamada así porque la línea imaginaria que separa los estados de Texas y Arkansas pasa por la calle Mayor, así que cada mitad de la ciudad pertenece a un estado diferente. Una auténtica ciudad frontera-frontera al gusto surrealista americano.

 Carthage de Texas está muy cerca de ciudades grandes como Dallas, Houston o Shreveport y en el cruce de varias carreteras importantes, así que por los alrededores hay mucho movimiento. Ni el paisaje ni el paisanaje se corresponden con los tópicos tejanos, aunque sí se nota que es una zona más rica que Arkansas o Mississippi. Anoche, el “Weather Channel”, el gran oráculo del tiempo, anunció tormentas, que aquí tienen un nombre terrible, casi apocalíptico: “Thunderstorms”. Pero no dijo cuántas. Antes de llegar a Carthage atravesamos tres enormes y justo al llegar a la Cámara de Comercio, en una casa victoriana del “downtown”, que hace a la vez de Museo de Tex Ritter y Jim Reeves, dos glorias locales del country nacional, cae otro diluvio.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Texas. Panola County. Museo de Tex Ritter y Jim Reeves.

Carthage es una ciudad gemela de sus homónimas de Mississippi y Missouri, quizás un poco más desgarbada o menos “monumental”, a pesar de ser también sede del condado. Aquí los edificios oficiales están en la zona “business” y, al igual que en las demás, resulta casi imposible conseguir alguna imagen de alguien circulando sobre dos piernas. Hay también muchas y grandes iglesias para todos los credos, campos petrolíferos, un tesoro escondido en la laguna Hendricks, varias lápidas conmemorativas de hechos más o menos históricos, rodeos en agosto y fiestas tradicionales de los indios “caddos”, que ellos llaman “potlach”, pero en el día escaso que podemos emplear en su visita, lo único que comprobamos es que después de una “thunderstorm” siempre sale el sol, y que en este mes de junio pica muchísimo.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage. Texas. Panola County.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage. Texas.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. On the road. Carthage. Texas.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Tiros en el motel. Carthage. Texas.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage Community Church. Carthage. Texas.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Barbería. Carthage. Texas.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Cajun Cookin. Carthage. Texas.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Flotilla de Shool Bus. Carthage. Texas.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Gas. Carthage. Texas.






LOUISIANA
Carthage Bluff Landing, poblado.
(Livingstone Parish, 30º18´28´´N090º35´16´´W)

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage Bluff Landing. Louisiana.

El Estado Pelícano. 

Entre Gonzales y Pontchartrain discurre la US 22, una solitaria carretera estatal que cruza el río Amite a punto de desembocar en el lago Maurepas, hermano menor del lago Pontchartrain, a cuya orilla se sienten las vibraciones de Nueva Orleans, en la otra orilla. Después de White Hall, la carretera se adentra en el “Livingstone Parish” (¡oh, París!, exclama emocionada María) y justo a la derecha sale un camino, cuaternario, que se adentra entre paredes vegetales repletas de “spanish moss”, el musgo español. Allí se encuentra Carthage Bluff Landing, en el recodo más oscuro del río Amite, casi invisible entre la niebla verde de los pantanos del Mississippi, perdida entre los bayous serpenteantes del sur de Louisiana, donde acechan los caimanes y cantan blues los “alligators”. Un puñado de casas de madera junto a un embarcadero azul.

Moisés Ruiz Cantero.1999. Carthage Bluff Landing. Louisiana. Frog´s breath.

De norte a sur, conforme al estado de Louisiana se le oscurece la piel y le crecen las barbas a los cipreses que los franceses plantaron en su Acadia particular, se pasa del “cajun” al “zydeco” y el tres por cuatro del acordeón folklórico de los verdes parajes de Vermilionville se transforma en el blues bronco y festivo del acordeón negro, que resuena como un mantra sinuoso al mismo ritmo de los meandros del Mississippi, con el coro atronador de los cielos, también negros e igualmente cabreados como todos los negros del “Deep South”.

Pero en la radio del Mercury sigue sonando country blanco y “light”, para vaqueras blancas y sonrientes, mientras que difícilmente puede verse la sonrisa en el rostro de un negro. Un amigo de Nueva Orleans, sabio y “white”, pero nada sospechoso, tiene su teoría: están jodidos como sus bisabuelos y no lo ocultan. Los negros son mayoría en el sur y obtienen el poder de decisión política, pero los blancos tienen el poder de compra. Y las decisiones se compran, de manera que el poder les sirve para que unos pocos lleven los dedos llenos de anillos de oro mientras que la mayoría limpia los cafés o reboza hígados de pollo en las BBQ´s  mirando con recelo y envidia a los blancos de grandes mansiones con tiernos cervatillos blancos petrificados sobre el césped y enormes cochazos que casi no caben en las carreteras. God is white.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage Bluff Landing 2. Louisiana.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage Bluff Landing 3. Louisiana.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage Bluff Landing 4. Louisiana.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Carthage Bluff Landing 5. Louisiana.

Moisés Ruiz Cantero. 1999. Blue Bayou. Carthage Bluff Landing. Louisiana.





NEW YORK
Carthage, municipio.
(Jefferson County, 43º58´41´´N075º36´35´´W)
West Carthage, municipio.
(Jefferson County, 43º58´27´´N075º36´56´´W)


Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage desde el límite con West Carthage (mitad del puente sobre el río Black). Nueva York.


El Estado del Imperio.

Carthage y West Carthage, “the twin villages”, están al norte del estado de New York, entre el lago Ontario, grande como el mar, el lago Bonaparte donde veraneaba el hermano de Napoleón (que vivió en Carthage tras su corta experiencia como rey de España), y los lagos azules y bellísimos entre arces multicolores de las montañas Adirondacks, de las que las dos Carthages son la puerta de entrada.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Poste de direcciones. Carthage. Nueva York.
Se puede llegar desde Boston de un tirón por la I 90, rodeado de camiones infernales y desviarse en Roma para coger la US 26 que pasa por la calle mayor de las Carthages gemelas, o dar un pequeño rodeo para visitar Niágara Falls, donde hay unas cataratas bastante famosas y espectaculares, y novios de “honeymoon” pastel, y Rochester, sede de Kodak y su George Eastman House, imprescindible para los amantes de la fotografía. Además, debido a la costumbre de los pioneros, que por esta zona fueron los más pioneros de todos, de darle nombres sonoros a sus asentamientos, se pasa por Siracusa, Grecia, Atenas, Tiro, Útica, Hannibal, Macedonia, Egipto, Ítaca, Paris, Florencia, México, Viena, Berlín, Bombay, Madrid, Cantón, Palermo, Dinamarca,... ¿Murcia?, no, no hay murcianos por aquí, que se sepa. Sin embargo sí se reproduce entre las dos Carthages ese espíritu de convivencia que existe entre Murcia y Cartagena, aunque filtrado por la exquisita educación, tan políticamente correcta, de los americanos.

Al parecer, el río Black, cuyo puente sobre aguas turbulentas une ahora las dos ciudades, sirvió en tiempos de los primeros colonos de demarcación para la compra y especulación de terrenos una vez que echaron de allí a sus auténticos propietarios, los indios Oneidas. La zona oriental, donde está Carthage, fue vendida a aristócratas franceses exiliados que temían por sus cabezas, mientras que en la zona de West Carthage, al otro lado del río, los pioneros eran de Vermont y New Hampshire. Actualmente, a pesar de antiguas desavenencias y de mantener dos ayuntamientos distintos, comparten algunos servicios como los sanitarios y los educativos, pero son dos poblaciones diferentes. West Carthage, más pequeña, tiene aspecto de barrio residencial con casas de madera “clapboarded”, pintadas de colores pastel, mientras que Carthage es “más ciudad”, con grandes edificios de ladrillo rojo, parques, monumentos y muchísimos fontaneros que se anuncian con grandes rótulos sobre las paredes. Ambas asentadas sobre una zona rural y maderera de suaves colinas y mucha actividad.


Moisés Ruiz Cantero. 2000. Paso a nivel. Carthage. Nueva York.

Según Estefanía, que nos ha encontrado perdidos por las calles de Carthage después del consabido chaparrón con el que nos suelen recibir nuestras “homónimas”, y de la consabida asepsia emocional con la que nos suelen recibir en sus ayuntamientos, esa apatía es secular, aunque yo me huelo que alguna relación puede haber entre no facilitar información sobre la ciudad a desconocidos y la presencia cercana de Fort Drum, una de las bases militares americanas más grandes del estado. Porque tampoco en la Cámara de Comercio, en un bajo desgarbado, oscuro y medio escondido de State Street, la chica que nos atendió, por decir algo, nos supo informar de nada. Menos mal que apareció, providencial, Estefanía, cuando íbamos en busca de la historiadora local, Laura M. Prievo, a la Biblioteca de Carthage. Estefanía es la señora de uno de los muchos fontaneros de la ciudad que regenta una Plumber-Antiques en el centro de la calle principal. Se interesó inmediatamente por nuestra historia y por el hecho, para ella inaudito, de que alguien se interese por la de ellos y nos preparó una bolsa con todo tipo de documentación sobre las “ciudades gemelas” y todo tipo de regalos promocionales de  empresas de Carthage que casi no nos cabía en el Ford “cinammon” que habíamos alquilado en Boston. Y así de cargados nos fuimos a Maine.

Moisés Ruiz Cantero. 2000.  State Street. West Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage Market. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Casa. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Desayuno en un bar de Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Edificio en State St. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Entrada a Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Estefanía y su marido delante de su "Plumber-Antiques". Carthage. Nueva York.

vMoisés Ruiz Cantero. 2000. Hannibal, junto a Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Hannibal, vecino de Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Memorial a los caídos, en State Street. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Motel, en Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Parque de bomberos. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Paso a nivel 2. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Porche en Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Quick Mart en Hannibal. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Tres en State Street. Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. West Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. West Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. West Carthage. Nueva York.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Nueva York. Cementerio.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Cementerio. Carthage. Nueva York.





MAINE
Carthage, poblado.
(Condado de Franklin, 44º37´27´´N070º28´26´´W)


Moisés Ruiz Cantero. 2000. Bill Henry. Carthage. Maine. 


El Estado de los Pinos

El paisaje cambia al llegar a Maine. Si New Hampshire está llena de arces, que en este otoño muestran una paleta de colores increíble, en Maine, haciendo honor a su sobrenombre, hay sobre todo pinos y olmos blancos. Pero aunque no haya muchos arces sí que desayunan con su sirope, una delicia de Nueva Inglaterra que acompaña a la que es, sin duda, la mejor comida del día en este gran país. Además de los consabidos huevos con bacon y todo tipo de “companaje”, zumos y café, ligero y estimulante como el té, que puedes tomar hasta que ya no te quepa por el mismo precio, hay en las cartas del “breakfast”  muchos tipos de pasteles, muffins, pancakes, toast, etc. que por estas latitudes riegan abundantemente con el producto nacional por excelencia: el “maple syrup”, dulce, untuoso y aromático. Un gran descubrimiento, sobre todo el de Vermont, segun dicen, el de mejor calidad. Si además se desayuna en un bar de carretera lleno de paisanos, trabajadores, familias enteras y las marujísimas camareras de película que vienen y van entre el alboroto de las mesas y la plancha humeante, pues mejor que mejor.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. 142 State Highway.

Pero aunque a Maine le falten arces, le sobran alces. Por lo menos de ellos previenen las señales que se ven continuamente por el Pine Tree State. Al parecer son un poco ciegos y se quedan parados en medio de las carreteras. Por la 142 State Highway que va desde Dixfield a Carthage vamos atentos por si acaso.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Buzones.

Carthage de Maine es un pueblo blanco de leñadores y cazadores casi perdido entre altísimos bosques de pinos junto al lago Webb, donde bajan a beber los alces en el largo invierno blanco de estas latitudes. Es la Carthage más boreal de todas las del mundo y la más antigua de los EEUU. En la casa museo que mantienen en el centro del pueblo, junto a la gasolinera-tienda-restaurante-cafetería y la oficina del condado, conservan una importante exposición de utensilios, herramientas, documentos, muebles y fotografías de los pioneros. Tienen un río, el Webb, con un puente, sus casas de madera, su serrería y sus iglesias, entre las que destaca, imponente y blanquísima sobre una loma a la entrada del pueblo, la Union Church. Y también una gente estupenda y amable, como Stephen Brown, 1º Selectman, que nos aporta toda la información que le solicitamos e incluso saca de la caja fuerte el libro de actas donde se encuentra el documento fundacional de Carthage, y el matrimonio Noyes, Hurchial y Florence, dueños de la serrería y del T-Ford del año 1929 que guardan como un tesoro, que lo es, y que en nuestro honor sacan del museo para darnos una vuelta triunfal por Carthage, un idílico lugar.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage Union Church. Carthage. Maine.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Acta fundacional.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Alces para el jardín.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Alrededores desde la carretera.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. El último oneida. Parque junto al Black River (en Dixfield).

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Bowley´s Mill 1805. Piedra de la primer casa de Carthage.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Cabaña.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Carthage Historical Society.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Carthage Town Office.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Carthage Union Church.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Carthaginians en el super.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. H.Noyes y S.Brown junto al T-Ford.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Hurchial Noyes, Lumber.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Jardín.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Marissa Surette.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Parque junto al Black River (en Dixfield).

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Pioneros.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Plaza principal.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Brandon Virgin.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Stephen Brown.


Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Vista general.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Hurchial Noyes. Dueño de la serrería.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. T-Ford 1929.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthage. Maine. Vsita del poblado.






NEW HAMPSHIRE
Carthagena Island

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Carthagena Island. New Hampshire.

El Estado Granito.

Esta mañana, al dejar la llave en el “office” del “lovecraftian” motel de Salisbury, junto a Newburyport, ha salido a recogerla la señora que nos atendió anoche, de inequívoco fenotipo “innsmouthiano” rama polinésica, oscura, de ojos saltones y sonrisa anfibia (quizás por el comienzo de la aparición de las agallas que, tarde o temprano, la arrastrará hasta las profundidades ciclópeas de los alrededores de la Devil´s Rock, aquí mismo, a unas millas de Innsmouth, por donde nos perdimos anoche, a brincar con sus primos “los profundos” y ponerle velas a Cthulhu, en Rlyeh, a ver si termina la siesta y sale ya). También llevaba un camisón de volantes, a juego.

No he dormido bien; han habido ruidos extraños, como de pasos (¿o era alguien o “algo” arrastrándose?) y un continuo crujir de maderas en la habitación de arriba. Alguien, a las cuatro, empezó a toser de manera espasmódica, como el fumador que tiene que recomponer los pulmones cada mañana (¿o era un “deep” emitiendo alguna letanía blasfema y gutural al “Deep One”, HPL.?) Me desvelé y había un rumor lejano, como un chapoteo de ranas o de alguna criatura de los pantanos cercanos, en la desembocadura del río Merrimack (¿el Manuxet de “Shadow over Innsmouth"?), que no quiero imaginar.

Por cierto, en el centro del río Merrimack, a su paso por Manchester, New Hampshire, a 50 millas de aquí, hay una isla llamada Carthagena. Y es inaccesible. Sólo desde el centro del puente que atraviesa el río, que tiembla por el tráfico infernal de la I 101 a la entrada de la ciudad, es visible y fotografiable. Pero para eso casi hay que jugarse la vida... Vamos allá. Es una pequeña isla alargada y absolutamente verde y tupida de árboles, cuyo nombre es de origen desconocido. Sin embargo allí residía el gran jefe de la tribu de los Pennacooks, el “Sachen” Passaconaway. Carthagena Island era el centro de la pequeña reserva en la que los ingleses confinaron a los indios nativos de aquella zona. La presencia de los “rostros pálidos” y su avance imparable hacia el Oeste constituye la mayor tragedia de los pueblos nativos americanos, actualmente “enjaulados” en reservas, degradados y al borde de la extinción. En la isla Carthagena (¿quién sabe del misterio de ese nombre?) se encuentran todavía restos de “wigwams”, túmulos y restos de cerámica de sus antiguos y famosos moradores. Nada menos que un Rey de Carthagena. Sin corona, pero con plumas. Un buen lugar para un relato lovecraftiano.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. Camino a  Carthagena Island. New Hampshire.





CALIFORNIA
Cartago, población.
(Condado de Inyo, 36º19´15´´N118º01´32´´W)


Moisés Ruiz Cantero. 2001. Cartel de Cartago. California.

El Estado del Oro.

California, the Golden State, no es sólo Hollywood Boulevard, con sus estrellas del Paseo de la Fama, los “surfers” cachas de Malibú o los viñedos y enredos de Falcon Crest. Es también Cartago; no Carthage, Cartago. Una pequeña localidad en retroceso con unas pocas casas, diez o doce familias, y un motel cerrado, pero estratégicamente situada entre Sierra Nevada, con el Monte Whitney, el más alto de Norteamérica, de telón de fondo, el Parque Nacional Sequoia, un lugar donde crecen los árboles más altos y viejos de la Tierra, al otro lado de la sierra, Yosemite un poco más arriba, el desierto de Mojave al sur y  Death Valley al este, un infierno con unas temperaturas que hacen honor a su nombre, al que se entra por Cartago, donde se encuentra Badwater, el punto más bajo del planeta, a 95 metros bajo el nivel del mar. Un lugar, como se ve, lleno de records.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Parque Nacional Yosemite, junto a Cartago. California.

Y no sólo esto, porque Lone Pine, a unas millas al norte, lugar donde trabajan la mayoría de los habitantes de Cartago, ha sido y es el escenario de muchísimas películas como Las cuatro plumas, La carga de la brigada ligera, o La vuelta al mundo en ochenta días (curiosamente la secuencia que se desarrollaba en España había sido rodada aquí al lado, en las Alabama Hills). Allí se rinde culto a John Wayne y se recuerda sus estancias en el pueblo mientras rodaba con John Ford y perseguía indios por las colinas. Los moteles, los bares y las casas están llenos de fotos y “reliquias” de “Saint John”, e incluso las curvas de la carretera tienen su nombre y el de otros ilustres pistoleros del séptimo arte. Un poco más allá esta Mono Lake, un lago que está sufriendo la desecación provocada por el acueducto que lleva el agua a Los Ángeles, convirtiéndolo en un lugar espectacular, de otro mundo, con unos colores y unas extrañas formaciones calcáreas que consiguen atraer a muchos visitantes. También pueden encontrarse ciudades fantasmas del Far West, desiertos de cactus y Joshua Trees y, en el mismo Cartago, puntas de flecha de los indios Mojave, como las que nos enseñan los niños que juegan entre las ruinas del antiguo puerto en el que se desembarcaba el carbón procedente de las antiguas minas de Cerro Gordo, al otro lado del lago Owens que hoy día luce seco, blanco y desolado, y las montañas de “soda ash”, restos de sosa de la fábrica que hubo a sus orillas. En Cartago sólo queda ahora abierta la Oficina Postal, que está en la casa de Clarence Benbrook, cuya familia, por sí sola, podría formar un pueblo. Clarence se casó cinco veces y tiene 22 nietos y, de momento, 32 bisnietos. En su casa, junto a los buzones de la “Post Office”, cuelgan recuerdos indios, quizá de su familia, porque su rostro refleja su ascendencia. En el centro del saloncito, en puesto del cuadro de la caza de ciervos, una imponente bandera americana con la cara sonriente de John Wayne.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Clarence Benbrook, en la puerta de su casa.  Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Barnie Scales y Bob, de paseo en el Owens Lake. Cartago. California.


Moisés Ruiz Cantero. 2001. Bodie, "gohst town", junto a Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Bodie, gohst town, junto a Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Cartago Street. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Grupo de chavales. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Interior de la casa de Clarence Benbrook. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Interior de motel en Lone Pine, junto a Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Interior en Lone Pine. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. La pose de Kayla, en el antiguo puerto de Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Lago Owens. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Loma y Mt.Whitney desde Lone Pine (punto de vista Ansel Adams). Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Mono Lake, junto a Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Parque Nacional Sequoia, junto a Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Marca histórica en Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Restos del embarcadero del lago Owens. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Retrato. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Saint John Wayne. Lone Pine. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Sierra Nevada desde Lone Pine. Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Sierra Nevada, desde Cartago. California.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Death Valley, junto a Cartago. California.



NEW MÉXICO
Carthage, población.
(Condado de Socorro, 33º53´01´´N106º39´31´´W)
Carthage, distrito minero.
(Condado de Socorro, 33º52´36´´N106º43´45´´W)
Old Carthage, antiguo poblado.
(Condado de Socorro, 33º52´36´´N106º43´37´´W)

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Wigwam de campaña. Socorro County, junto a Old Crthage. Nuevo México.

La Tierra del Encanto.

A 25 millas de Old Carthage cayó la primera bomba atómica el 16 de Julio de 1945, en un lugar llamado “Jornada del Muerto”, y parece que la onda expansiva llegó hasta nuestra “homónima” de Nuevo México, porque por allí sólo queda una fila de piedras en medio de la nada. A partir de la marca histórica de la “Carthage Tokay-Farley”, a unas millas de Socorro por la US 380 que conduce a Roswell, lugar de aparición de alienígenas, se extiende la antigua zona minera de Carthage, muy activa hace 70 años, que fue propiedad de Conrad Hilton, el padre del dueño de la famosa cadena hotelera, el paisano más famoso de Carthage. Más allá, una solitaria carretera recta, recta, recta, que cruza  las últimas estribaciones del desierto de Chihuahua, y que está vallado. Pasamos varias veces por delante de las ruinas de Old Carthage sin localizarlas. Finalmente decido para una furgoneta que viene de no se sabe dónde a través de la planicie monda y lironda donde un montón de vacas pastan no se sabe qué. El tipo que conduce es el vaquero más genuino del mundo. No parece real sino salido de una película. Un poco desesperado le pregunto por Carthage y le enseño los mapas de Francisco Ruiz Navarro donde está perfectamente señalizada. Pat Johns, que así se llama nuestro vaquero, nos indica que le sigamos. Unas 5 millas en la dirección opuesta a la que veníamos se detiene y nos señala unas piedras al otro lado de la valla que cierra el desierto. Eso es lo que queda de Carthage. Le robo una foto como puedo mientras se despide de nosotros.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Ruinas de Old Carthage (según Pat Johns). Nuevo México.

Un poco más adelante, al otro lado de la carretera, según Pat, está el cementerio, otro punto de interés que tenemos señalado. Para llegar hasta allí hay que saltarse a la torera (nunca mejor dicho) las leyes de los EEUU. y de cualquier propiedad privada. Está a unos doscientos metros campo a través en las faldas de una pequeña loma. Es Virtudes, que con su marido Pepe Soto nos acompañan en este viaje, la que da con el cementerio. Nada fácil por cierto dado su pequeño tamaño y su distancia de la carretera. Aunque peor es el rato en el que me interno, solo ante el peligro, por un campo de cardos, esperando ver aparecer en cualquier momento al sheriff con las manos en jarras a punto de desenfundar, o peor aún, a algún toro enamorado de la luna de mis gafas de sol. Recuerdo las escenas bestiales de rodeo que vimos anoche en el motel de Albuquerque. Glup.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Cementerio de Old Carthage. Nuevo México.

De la otra Carthage que ha localizado Paco (el padre, la madre y el abuelo de las Cartagenas y Cartagos del Mundo) no queda tampoco casi nada. Desde San Antonio hasta Bingham sólo hay: una parada de autobús en medio de ningún sitio, un pequeño edificio de madera verde abandonado y una especie de taller de reparaciones para camiones con una casa al lado donde no hay nadie. Se ve también de vez en cuando algún ranchito a lo lejos y mucho más allá las torres brillantes de White Sands Missile Range, una fábrica de misiles, sin duda la causa principal por la que no hay mucha actividad por los alrededores.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Carthage. Nuevo México.

De todo dejamos constancia fotográfica. No queda mucho más que hacer. George Strait empieza a cantar la canción del verano del South West: Write this down. Nuestro Chevrolet “Cavallier” rojocartagena se pone en marcha. Nos vamos con la música a otra parte.


Moisés Ruiz Cantero. 2001. Casa abandonada en Carthage. Nuevo México.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Cementerio de Old Carthage . Nuevo México.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Marca histórica del Distrito Minero de Carthage. Nuevo México.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Pat Johns junto a las ruinas de Old Carthage. Nuevo México.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. US-380. Carthage. Nuevo México.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Carthage . Nuevo México.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Old Carthage Cemetery. Carthage. Nuevo México.

Moisés Ruiz Cantero. 2001. Bus stop. Carthage. Nuevo México.


> más fotografías de EEUU: American Walk

> nuevo blog (reportajes de boda): Bodas a la vista. blogspot.com 



Fotografías: © Moisés Ruiz Cantero.
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