Fotos para papeles





Esto formaría parte de BBC, y de Entropía Negativa. Es un experimento hecho durante 2005 a partir de la adquisición de una máquina para hacer fotos digitales de carnet, a mediados de marzo, y dura hasta el mismo día de marzo del año siguiente. Uní todas las fotos de carnet realizadas en ese periodo de manera que coincidieran las pupilas, que todas aportaran el mismo porcentaje a la imagen final y que no importara el orden de fusión. La situación de mi estudio, en el casco antiguo de Cartagena, hace que sea muy conocido entre los inmigrantes, que ocupan gran parte de esta zona de la ciudad, y realice muchas “fotos para papeles”, como dicen ellos (otros me piden “fotos de carne”). De la unión de todos los “carnetes”, unos 500, de paisanos e inmigrantes, ha resultado una imagen que conserva la definición y la fuerza en los ojos, al hacerlos coincidir, mientras que el resto de rasgos se difuminan. Es un tipo joven de rasgos mediterráneos. El discurso “globalizador”, etc... es fácil, pero esa no ha sido la intención; sólo era una idea, a ver qué pasaba. Lo he realizado también con el grupo de amigos y ahora lo estoy haciendo con fotos que me hago con la cámara web del ordenador todos los días cuando las campanas de la iglesia de San Diego, que tengo enfrente, tocan el ángelus, a las doce.


Moisés Ruiz Cantero. Fotos para papeles.  Fusión 130305-120306.
Imagen final de la fusión en modo trama (como si se colocaran juntos
los negativos de las fotos) de 480 fotos de carnet. 2006.


Quinientas miradas en una, la de Moisés
Elvira Lindo


El año pasado, en una librería de mi barrio en Nueva York, encontré dos colecciones de postales extraordinarias: en una aparecían las fotos de registro que obligatoriamente se les hacían a los inmigrantes en los años treinta, cuando desembarcaban en Staten Island; la otra, de la década de los cuarenta, contenía rostros de aquellos que acababan de ingresar en la comisaría. Aunque las situaciones en que los personajes se encontraban eran bien diferentes había algo común en el gesto. Invariablemente, reflejaban indefensión, desconfianza, vulnerabilidad. En todos los rostros era patente que había dos vidas, la que había ocurrido antes de que saltara el flash y la que tendría lugar minutos después, una vez que finalizara el papeleo y ese ser humano se viera enfrentado al azote de una vida que en un principio se presentaría como  incomprensible. Llegué a casa y al volverlas a mirar me di cuenta de que nunca podría mandárselas a nadie; hacerlo, habría sido como vulnerar la dignidad de esas personas. Aun estando todas muertas, aun habiendo sido borradas de cualquier memoria, usarlas para algo tan alegre y banal como es el envío de una postal sería, sin duda, pasar por encima del sufrimiento que soportaron sus vidas.

Siempre me han fascinado las fotos que los fotógrafos de barrio han hecho para eso que damos en llamar, tal y como dice Moisés Ruiz, “los papeles”. Fotos para papeles. Son imágenes que, al cabo del tiempo, revelan algo profundo del fotografiado. Es sorprendente que eso ocurra, porque, en principio, no hay complicidad entre quien las toma y quien posa; hay veces en que ni tan siquiera se cruzan uno y otro más de dos o tres frases. El resultado es un gesto neutro, ni alegre ni triste, como si el fotografiado estuviera perdido en sus pensamientos y el fotógrafo hubiera captado, sin pretensión de hacerlo, ese momento de huída del mundo. Milagrosamente, cuando el tiempo pasa, encontramos una extraña singularidad en esos primeros planos que conservan las grapas de antiguos pasaportes o de algún otro documento oficial.

En mi cuarto de trabajo he reproducido al tamaño de una cuartilla las “fotos para papeles” que andaban medio perdidas por la casa de mis padres. Sobre sus caras está la marca de las grapas o de algún sello oficial. Le dije a la fotógrafa que no las borrara, son marcas biográficas que quiero conservar. Todas ellas se hicieron en la década de los cincuenta. En una, a mi padre le asoma la sombra de la barba, como si fuera algo que no acostumbrara a hacer todos los días; en otra, de 1957, aparece mi madre con los labios ligeramente hinchados y una voluptuosidad inusual en su rostro: está embarazada de mi hermana mayor. Me gusta verlos tan jóvenes, en sus últimos años de soltería y los primeros de matrimonio, con una camisa o un vestido que refleja la estrechez de la época, pero también el cuidado y la pulcritud con que mi madre cuidó siempre de su aspecto y del de mi padre. Son tan ellos mismos en esa galería de miradas perdidas que a veces me duele mirarlos. Les quiero y les reconozco en ese tiempo detenido. Sin embargo, hay algo que va más allá de sus rostros tan queridos, tan inconfundibles para mí, y ese algo es la manera en que el tiempo ha mimetizado su imagen con la de otros seres humanos de la misma época. Mis padres son únicos pero, al mismo tiempo, se parecen a todos los recién casados de su generación: hay algo en sus rostros morenos, esforzados, anhelantes; hay algo de la educación recibida, algo de temor y de dignidad. Si mostráramos en un gran panel un número significativo de fotos de carnet de aquellos años, la mirada se nos iría de un rostro a otro devolviéndonos una intensa sensación de familiaridad.

Algo más radical es lo que ha hecho Moisés. Ha cosido las miradas de quinientas personas que fueron a su estudio a hacerse una foto de carnet. Las ha superpuesto: las de los inmigrantes, las de los paisanos de su pueblo, las de los que aspiran a ser ciudadanos con pleno derecho y las de quienes lo son desde que nacieron, las de niños, viejas, hombres rudos y hombres delicados, las de mujeres felices, las de aquellas que llevan la desgracia en el rostro. El asombroso resultado es ese rostro único que contiene los facciones de quinientos seres humanos. En estos tiempos de exaltación de la diferencia, de “los de aquí y los de allá”, este resumen es en sí mismo, sin necesidad de que el autor de la idea sea consciente, una declaración de intenciones. Cualquiera podría estar contenido en este resumen humano. Yo misma podría haber estado ahí. No hubiera sido raro, me he hecho fotos de carnet sólo por gusto en lugares inverosímiles, en cuanto me ha sobrado un rato en una ciudad ajena y he visto la oportunidad de llevarme un recuerdo que reconozco como extravagante, dado que no hay contexto en la imagen que la sitúe en el espacio y luego tengo que escribir a mano la ciudad en la que fue tomada. Lisboa, 2002. Nueva York, 2007. Sí, yo, por azar, podría haber ido a su estudio una mañana y haber formado parte de esa mirada infinita. Aunque lo que me hubiera gustado, en realidad, es descubrir por mi cuenta que Moisés, ese hombre que pasa por ser ese fotógrafo de barrio al que casi ni miramos cuando vamos a hacernos algo tan rutinario como una foto para papeles, es un artista al que le gusta retratar el alma humana. Lo hace con el instrumento que su oficio puso en sus manos, una cámara digital, y con ese don que la naturaleza concede a los verdaderos artistas: la curiosidad por ver más allá de lo que los ojos registran a primera vista.



Moisés Ruiz Cantero. Fotos para papeles (FPP). Fusión de 10: Agosto2005- 01 a 10.

Moisés Ruiz Cantero. FPP. Fusión de 10: Enero 2006- 31 a 40.

Moisés Ruiz Cantero. FPP. Fusión de 10: Mayo 2005- 41 a 50.

Moisés Ruiz Cantero. FPP. Fusión de 10: Marzo 2006- 11 a 20.

Moisés Ruiz Cantero. FPP. Fusión de 10: Junio 2005- 01 a 10.

Moisés Ruiz Cantero. FPP 01/06. Fusión de 40, enero 06.

Moisés Ruiz Cantero. FPP 11/05. Fusión de 40, junio 05.





Hace bastante tiempo, más de veinte años, ví en una revista de fotografía una imagen que me llamó mucho la atención. Era un “retrato” en blanco y negro que se había realizado (eso pensaba hasta hace poco) superexponiendo en el mismo negativo retratos de personas que utilizaban el metro en El Bronx, Nueva York. El resultado era una imagen de contornos difusos de una persona de rasgos orientales, o eso me pareció entonces, o eso tenía en la memoria. Pasado el tiempo, y con esa imagen en la cabeza, pero ya con herramientas digitales, hice la que llamé “fusión” de los retratos de carnet realizados en mi estudio desde el día en que compré la máquina con la que pasaba de la era “Polaroid” a la digital, hasta el mismo día del año siguiente, unas 500 fotos de carnet, haciendo coincidir las pupilas y de manera que el orden de las capas fusionadas no cambiara el resultado final. Luego lo repetí con el grupo de amigos y conmigo mismo y amplié el motivo hasta, digamos, cualquier motivo o circunstancia en el que pudiera fusionar fotos con alguna, más o menos, vaga justificación; o sea, por puro divertimento o coleccionismo. Y hace poco descubrí por casualidad, paseando por la red, al autor de aquella fotografía del metro, del metro de París, no del de Nueva York, como creía. Era Krzysztof Pruszkowski, fotógrafo polaco, el padre de las fusiones fotográficas, que él llamaba Photosynthesis y que realizaba desde principios de los ochenta. Y de enlace en enlace aparecieron Jason Salavon con sus flipantes “Amalgamations”, Meggan Gould (Go Ogle), Pep Ventosa (Collective snapshots), Doug Keyes, Idris Khan, ...

K. Pruszkowski: 60 passagers du metro de Paris
Meggan Gould: La Joconde average
Idris Khan: Every page Koran
Jason Salavon: 100 Special Moments (Newlyweds)


La imagen final es la resultante de la “fusión” de 480 fotografías de carnet tomadas desde el día 13 de marzo de 2005 hasta el doce de marzo de 2006. Por la dificultad técnica de juntarlas todas en un solo documento de Photoshop y moverlas hasta hacer coincidir todas las pupilas, se dividieron en grupos de diez y se unieron en modo trama con una opacidad del 10% cada una. (La fusión en modo trama equivaldría a la"intersección" de los conjuntos de imágenes, es decir a una imagen que contiene lo que es común a todas). Luego se unieron de cuatro en cuatro de la misma manera para conseguir las imágenes correspondientes a cada mes (40 carnets/mes). Finalmente se fusionaron juntos los doce meses para obtener la imagen final (480 carnets).



Moisés Ruiz Cantero. 37 amigos. 2007.

365 Moiseses a la hora del Ángelus (en construcción).



Finalmente se hizo una exposición de esta historia en La Naval, que dirigen Martín Lejárraga, Ángel Mateo Charris y Gonzalo Sicre. No pudo ser por problemas "logísticos" durante La Mar de Músicas 2009 dedicada a Marruecos (el tema le iba al pelo), y, aunque por otros problemas "logísticos", sólo duró un día, se editó uno de esos preciosos libritos de La Naval, con el texto de Elvira Lindo reproducido arriba, todo un lujo; hubo un gran cartelón de 4x2m2 durante mucho tiempo en la calle, y en la "auténtica" galería La Naval (la más pequeña del mundo) estuvo expuesta una "pieza" formada por 20 metacrilatos con imágenes muy transparentes de retratos de carnet iluminados por detrás, que resultaba bastante fantasmagórica. Durante la inauguración (y clausura) de la exposición hicimos en directo una fusión de todos los asistentes, una especie de "retrato tipo de asistentes a exposiciones en CT".


Moisés Ruiz Cantero. Invitación de la exposición "Fotos para papeles". Noviembre 2009.



Moisés Ruiz Cantero. Paradigma del asistente a inauguraciones y clausuras de arte tzompántlico-conceptual del País de Cartagena.
Fusión de 45 asistentes a la exposición. 1109.


20 carnets sobre metacrilato. La Naval. 2009.

20 carnets sobre metacrilato. La Naval. 2009.

Todo, gracias a Martín.

Familia Lejárraga. 2007.


FOTOS PARA PAPELES · 7.11.09


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