La copa de QartHadast



Una de las cosas más interesantes y divertidas que he hecho ha sido la búsqueda, un poco en plan Indiana Jones de pacotilla, de imágenes del primer documento (es decir, el más antiguo), en el que aparece escrita la palabra Qart Hadast (Ciudad Nueva en púnico), de donde se derivan Cartago, Cartago Nova y Cartagena (¿ciudad nueva nueva?). Fue para “Al fondo el mar: Cartagenas y Cartagos del mundo”. Era muy importante para el proyecto porque éste se sustanciaba en esa palabra, que da nombre a nuestra ciudad y a otras doscientas por todo el mundo. Viajamos María y yo hasta Chipre y, después de seguir varias pistas equivocadas, a la Biblioteca Nacional de París donde finalmente localizamos los 6 trozos de bronce con la inscripción, pertenecientes a una copa o pátera, registrada con el Nº5 en el tomo 1 del Corpus de Inscripciones Semíticas. Con todos los datos se hizo una exposición en la que había una reconstrucción en bronce de la copa, realizada por MªJosé Contador y Domingo Llor., y se editó una Naval.




Moisés Ruiz Cantero. 1998. La copa de Qarthadast.
Moisés Ruiz Cantero. 2000. La copa de Qarthadast. Interpretación en bronce.

Moisés Ruiz Cantero. 2000. La copa de Qarthadast. Panel 1.


Moisés Ruiz Cantero. 2000. La copa de Qarthadast.  Panel 2.

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En el documento siguiente aparecen los 4 artículos que consulté en la documentación del proceso relativo a esta pieza 
E. Renan. Fragments de patères de bronce. Journal des Savants. Agosto 1877.
E. Lipinsky. La Carthage de Chypre. Studia Phoenicia. 1983.
O. Masson. La dédicace a Ba´al du Liban (CIS I, 5) et sa provenance probable de la région de Limassol. Semítica XXXV. 1985.
M. Sznycer. Brèves remarques sur l´inscription phénicienne de Chypre, CIS, I, 5. Semítica XXXV. 1985.







Todo esto se expone de nuevo (Cartagenas y Cartagos del Mundo, Mar de Músicas 2001, doce salas de exposiciones), tras reaparecer las imágenes en perfecto estado detrás de un armario del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, después de darlas por perdidas desde hace más de diez años.
En La Ventana de Gras, San Diego 40, CT. A partir del viernes 20, con motivo de la inauguración del año 25 de las Fiestas de Cartagineses y Romanos.
Para todos los fetichistas de cartagenerías, que somos muchos, creo.







Coda, fuga de huayno, final con estrambote o directamente estrambótico.
(Apuntes rápidos y gratuitos para un folletín más o menos histórico de los que ahora tanto se estilan.)

Puestos a imaginar, imaginemos y convirtamos a nuestra copa de Qarthadast, por arte de birlibirloque, directamente en el Santo Grial. ¿Cómo es eso?. Nada más sencillo. ¿No lo encontró Indiana Jones en Petra?. Pues lo mismo podría haber estado en Amatus. ¿Y cómo lo hacemos llegar hasta allí?. Fácil. Veamos: sabemos que fueron los ángeles sumisos los que forjaron el Grial con la gema de la corona de Lucifer, que luego regalaron a los Patriarcas antediluvianos. De Babel pasó a Noé que lo llevó en el Arca con sus bichos y luego fue de mano en mano: Abraham, Moisés, David, Salomón. Y aquí se produce el cambio de rumbo del copón proclive a nuestro argumento. La pérfida Jezabel se lo autorregala luego de una noche loca poniendo a Salomón ante otra salomónica decisión (censurada en los santos papeles): o la copa o me voy.  Ante tal imperativo, Salomón, que no era de piedra, regaló la copa a Jezabel, a cambio del disfrute de sus famosos encantos. Y Jezabel se la lleva a Tiro y forma parte del tesoro de la no menos pérfida ciudad fenicia que a partir de entonces fué tan jaleada por los profetas judíos. Lugo llegó Dido, que salió pitando de allí con el tesoro real sin olvidarse, por supuesto, de nuestra copa iniciática. La joya de la corona. Y así es como llega a Chipre. Algún mercader fenicio se la vende tiempo después a Amílcar, de éste pasa a su hijo Aníbal, que cuando la utilizaba se le ocurrían disparates como conquistar Roma desde Cartagena subido en un elefante. Claro que la bomba era la pócima mágica que le daba a beber en nuestra copa el druida de su aliado galo Abraracúrcix  , antes de las batallas con los romanos: Al final pasó lo que pasó y cayó en manos de Escipión el Africano, a Julio César unos años después y a Tiberio, con la que se colocaba en Capri. En un colocón se la regala a su esclavo favorito, un moreno enamorado del cristiano bueno de la película, pariente del santo varón Nicodemo al que le llega de rebote y que, conociendo sus poderes, la coloca en la mesa de la Última Cena. Al día siguiente pasa lo que pasa, a Nicodemo le da el “yuyu” y se la regala a Pablo que no rechazaba nada y le gustaba porque le hacía ver luces extrañas. Cuando estaba en Chipre evangelizando la perdió en una apuesta con Bernabé que, bastante supersticioso, la dejó en una capillita que montó encima de un antiguo santuario pagano dedicado a Zeus cerca de Amathous. El mal fario tarda unos siglos en diluirse hasta que Ricardo Corazón de León, que conocía sus poderes más que afrodisíacos, la utiliza para la noche de bodas con su Berenguela, que como todos sabemos aconteció en Limassol cuando todavía se llamaba Neapolis (Nea: nueva, Polis: ciudad). Los poderes milagrosos del Grial lo elevan a la categoría de Santo y se corre la voz por las fiestas de las Cruzadas. Pasa a España gracias a la amistad que unía a Corazón de León con el capitán Trueno al que se lo aconseja para ver si soluciona sus problemas con Sigrid. Los Templarios que, como se sabe, cabalgaban de dos en dos se lo piden prestado al capián, y se lo quedan. Todo el mundo lo busca pero ellos lo han guardado bien. ¿Donde podría estar mejor que en ningún otro sitio? Se hablaba de San Juan de la Peña pero era sólo para despistar. El Santo Grial estaba en Cartago Vetus, el nido de águilas del Maestrazgo, un bastión imponente. 
En el año 1872 el hijo de un chatarrero lo encontró en Chipre hecho trizas, pero la forma como llegó de nuevo hasta allí ya es otra historia.



VER: "En Busca de Qart Hadast", texto correspondiente a la búsqueda de esta inscripción, en CHIPRE, Cartagenas y Cartagos del mundo. Al fondo el mar, 2
Al final de esa entrada.



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Fotografías: © Moisés Ruiz Cantero.






moisesruiz.sf@gmail.com   

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